VÍCTOR HUGO MEJÍA ANICHÁRICO

VÍCTOR HUGO MEJÍA ANICHÁRICO

Ciénaga, Magdalena, Colombia. Se encuentra Radicado en Pereira desde 1958. Es Ingeniero de Sistemas y tutor de Ambientes Virtuales de Aprendizaje. Tiene los siguientes títulos publicados: Caravana de Sensaciones en coautoría con Esther Julia Londoño, Jorge Eduardo Ossa, José Gilberto López y María Ruby Restrepo (2011); Sonetos para el alma (2014); Las palabras del silencio (2017). Además, fue ganador en segundo lugar del Concurso de Cuento de la Universidad Libre de Pereira. Ha participado de numerosos eventos y talleres literarios.

EN ESTOS Y AQUELLOS DÍAS

Érase una vez un niño triste Es un final descontento

érase una vez melancolía del año que en su agonía

érase la noche o tal vez el día nos traduce rebeldía

o acaso soledades que persisten, y rabia del pensamiento,

desde el vacío donde el alma insiste pues es la queja un lamento

en generar ausencias que proclaman henchido de soledad

la presencia de los que se aman que cubre con ansiedad

pues sus rostros son la estancia el nido que se ha dejado

donde la mente descansa por los seres olvidado

en el sueño que ellos claman. en la eterna Navidad.

Aquellos fueron los días Son los dardos del silencio

donde el espíritu ansioso de las voces que se esparcen

iluminaba en su gozo y desde allá nos renacen

los juegos, las alegrías,                            en el feliz año nuevo,

y en su estancia no existían y traducen en el viento

los fantasmas del recuerdo el abrazo de los años

que hoy nos expresan muy quedo que serán cual los rebaños

el vacío que nos embarga de sentimientos perennes

en cada noche tan larga que en la distancia conciernen

y el amanecer que espero. aquestos hijos que amamos.

En estos singulares días Año dos mil diecisiete

va cabalgando el sentir en navidad y año nuevo

con deseos de revivir y los seres que más quiero

las dobles melancolías, anclados aquí en la mente,

dos personitas "impías" donde las ansias revierten

que se llevan el presente las distancias en angustia

donde se encuentran ausentes aunque son causas tan justas

será la primera vez que tal vez una oración

que sintamos el doblez con humilde devoción

al quiebre de nuestras mentes. elevaremos en punta.

 

 

LA AUSENCIA

El eco de las musas va de paso

dejando estelas en el pensamiento

zurciendo escollos en el sentimiento,

y aquellos que poblaron el regazo

hoy son el eco de nuestro lamento.

Atrás quedose el llanto de los niños

teteros que endulzaban la mañana

consentimientos dados por la Nana

alcahueta con sus pequeños guiños

y el inmenso amor que les brindara.

Los berrinches, pensar que nunca faltan

las comidas, desorden en las camas,

las peleas, de una gran desigualdad,

los sentires que muchas veces callan

y las dudas peregrinas de verdad.

Quisiéramos volver hacia el pasado

reconstruir cada uno de sus sueños

tenerlos correteando como dueños

de aquel espacio que nos han dejado

y que fueran siempre pedigüeños.

Congelar la imagen de sus risas

marcar el alma con sus lloriqueos

el espíritu colmarlo de deseos

detener su nostalgia entre las brisas

que producen nuestros balbuceos.

Pero es inútil lo que el alma pide,

los días infantiles han pasado,

los de la adolescencia culminaron,

la escarcha del ayer ya se derrite,

y aquella juventud dejó sus años.

Hoy están cada uno en su rebaño

de espacios, contextos y aquel mundo

que fueron forjando año tras año,

que tejieron con la frialdad de antaño

y el carácter sembrado en lo profundo.

Han tomado sus propias decisiones,

buenas o herradas, lo dirá el futuro,

las metas se fraguan en terreno duro,

los objetivos son vuestras visiones,

férreo equipaje de sus discos duros.

La tierra que se abona con ternura

brinda los frutos entre la humildad,

riega la siembra con  honestidad,

florecen razones entre la dulzura

y esparce la miel en la sinceridad.

Sus actitudes son diamante en bruto

que observarán atentos los demás,

serán juzgados por la humanidad,

rodearán sus quehaceres uno a uno,

y a veces los temores te ansiarán.

Más, volvamos a nuestra realidad,

fantasmas taciturnos han llegado,

se apoltronan y no nos han dejado,

nos contagian el virus de ansiedad,

la ausencia el mirar nos ha opacado.

La ausencia, soledad hecha quimera,

muchos pasos, aroma en lontananza,

lo que fue, se ha ido en la balanza,

donde los sueños de una vida entera,

son sus seres colmados de esperanza.