MAICOL RUIZ

MAICOL RUÍZ

Pereira, 1971, Colombia. Como poeta he participado del taller de poesía “La fragua” del colegio Rafael Uribe Uribe, en el marco del cual publique los poemarios “Encuentros”, “Hacedor de Demonios” y “Soplo de Viento”, además de participar en las antologías “El Cuadrante de las Horas” y “13 autores”. En la actualidad preparo el libro “Amor, Lugares y Tiempos”. Soy Licenciado en Etnoeducación y Desarrollo Comunitario y candidato a doctor en Ciencias Sociales en la Universidad Nacional de General Sarmiento (Argentina). Actualmente me desempeño como docente de la Escuela de Ciencias Sociales de la Universidad Tecnológica de Pereira.

Tiempo

El reloj dice medirlo,

pero sólo da cuenta

del giro planetario,

almanaques registran

el paso de los días que suceden

mientras rondamos presurosos

un sol que no se oculta,

miramos las estrellas en la noche presente

para leer en ellas el destino,

y sin embargo,

cuando elevamos nuestra vista hacia el espacio,

todo en él es pasado fugaz

que ya se ha ido.

En otro lugar del universo

quizá el tiempo no exista,

ni transcurra,

quizá tan sólo ocurra lo de siempre

saltando dimensiones y distancias,

sin que a nadie le importe o le sorprenda.

El tiempo sólo cuenta entre nosotros,

criaturas finitas

que sabemos de muerte y nacimiento,

que vamos a encontrarnos con los sueños

con la esperanza de que habrá otro día,

llamitas caminantes que buscamos

el secreto sentido

de esta frágil existencia que tenemos,

y arropamos con palabras y memoria

ese tiempo de vida que habitamos.

 

Hombre Barroco

No soy el hombre nuevo ni el de antaño,

tampoco el trapo hervido en lentejuelas,

ni la maza que rompe en la cantera;

soy el hombre barroco que se arraiga

en las formas naturales de la vida

mientras la muerte pone precio

a los seres y las cosas

y pretende hacer míos sus deseos.

Avanzo y retrocedo

entre luchas por ser y encuentros con la nada;

despistes e ilusiones nunca faltan

en un universo cada vez más abierto

al caótico vaivén de los mercados.

Resisto a las violencias

que quieren descuajar nuestra existencia

y hacer irrelevante la memoria;

cultivo la esperanza y busco en la materia

la densidad profunda de los verbos.

Transo con tirios y troyanos en medio de la niebla,

mientras los ruines pasan

y pasan nuevamente

y dan valor de cambio a lo imposible.