LUIS MUÑOZ

LUIS MUÑOZ

Granada, España (1966). Es doctor en Literatura Española. En su ciudad natal dirigió el Aula de Literatura de la Universidad y la revista de poesía Hélice.  Es profesor en la Universidad de Iowa, Estados Unidos. En 1994 preparó el libro colectivo El lugar de la poesía y ha traducido, entre otros autores, a Giuseppe Ungaretti con su texto: El cuaderno del viejo (2000). En 2008 comisarió la exposición Gallo, Interior de una revista sobre la publicación dirigida en 1928 por Federico García Lorca.  Ha publicado los libros de poemas Septiembre (1991), Manzanas amarillas (1995), El apetito (1998), Correspondencias (2001) y Querido silencio (2006). Su obra poética hasta 2005 está recogida en el volumen Limpiar pescado. Poesía reunida 1991-2005 (2005). En otoño de 2018 publicará un nuevo libro de poemas con el título Vecindad . Ha recibido, entre otros, los premios Ciudad de Córdoba, Generación del 27 y Ojo Crítico.

POSTALES EN UN SOBRE 

Tomaron un pequeño apartamento

al calor de la historia que empezaba

en un pueblo radiante de la costa.

Las familias miraban de reojo

su dulce suficiencia,

su ambigua cercanía cuando tomaban sol,

los leves empujones en la orilla

de muchachos buscándose en el juego,

la risa incontrolable,

el júbilo de luces y de compras

los días de mercado

y un remolino oscuro de murmullos

se levantaba al paso como una nube torda.

En sólo quince días avivaron

contrarios sentimientos, un ascua adormecida

y una imagen inquieta de la felicidad.

Recordarían de aquello más que nada,

muchos años después, en su país del norte,

la coartada airosa de su idioma

para hablar de deseo sin entenderles nadie,

las noches enlazadas de sus cuerpos

con las marcas blanquísimas de los trajes de baño

y un sobre con postales de vocación turística

que guardaron por siempre como un talismán:

el farero viejo cortando caña,

la junta de los bueyes en la plaza del pueblo

y una chica en biquini diciendo okey.

OCHO DE LA MAÑANA

Le miro cómo duerme enredado en la sábana.

La esponja del descanso le borra los sentidos.

Deja pasar dos planchas moteadas de luz

la ventana entreabierta,

picotea en el borde de un tiesto de geranios

un gorrión tremante

con ojos de cabeza de alfiler

y el picoteo se hace

del ritmo de una frase inquisitiva.

Pero no se despierta.

Se abraza a la almohada, se hunde como en nubes

y me atrapa el volverse alzando una rodilla.

No sé si formo parte de su sueño.

Querer es una escala y no sé si alcanza al sueño.

Traducciones de Curtis Bauer