LUIS FERNANDO MEJÍA M.

LUIS FERNANDO MEJÍA M.

Pereira, Colombia (1941). En la actualidad lleva una vida de retiro en algún lugar de la costa Atlántica. Ha publicado las obras Las Bienaventuranzas (1964); Resurrección de los juguetes (1964); Alquimia de los relojes clausurados; Camino hacia la luz; Manuscritos de Lucio Malco. Fue ganador del premio literario Violeta de Oro (1964), también recibió el premio “Bernardo Arias Trujillo” en Risaralda, donde vivió su juventud. Ganador de ROSA DE ORO Primer Premio Internacional de Poesía Castellana por su libro MANUSCRITOS DE LUCIO MALCO , otorgado por la «Comunicación Literaria de Autores» en España el año 1.979 e incluido en la colección Rosalia de Castro.

CUANDO LA CIUDAD ME SOBREVIVA

A Pereira

Cuando la ciudad me sobreviva

para olvidarse de mi nombre;

la llamaré desde el fondo de la tierra

con mi voz de raíces.

Serán de tierra mis palabras.

Recogeré mi cuota de sangre entre los árboles.

Me improvisaré de viento

de silencio horizontal a las seis de la tarde.

Renegaré mi muerte.

Me negaré a olvidarme.

Gritaré mi silencio

entre el ruido de las fábricas.

Me levantaré a recoger la angustia

de los domingos de lluvia

y los años que pasaban buscándome

entre los niños del parque.

Exigiré que me devuelvan

los días perdidos,

y las noches perdidas

y los besos perdidos,

y el Dios que asesinaron entre las bibliotecas y las aulas.

Cuando la ciudad me sobreviva.

Cuando me niegue sus calles.

Nadie podrá imponerme una muerte

que yo no escogí nunca.

Continuaré negándome a negarme.

En mis palabras de lodo reventarán las flores.

Mi garganta se hará de raíces

que arañen la lluvia.

Cuando la ciudad se olvide de mi nombre,

yo estaré entre los niños que crecieron

para jugar a la guerra.

Estaré con un libro impidiendo la muerte.

¡Gritando desde las bibliotecas!

Toda la humanidad pasará sobre mi olvido

y yo seguiré negándome al silencio

desde mi metro de tierra,

desde mi silencio aturdido de protestas.

Continuaré creciendo en los incendios de hierba

y en las hormigas que bajan a mi cuerpo.

Nadie podrá obligarme a que desaparezca

Si he dejado la vida sobre todas las cosas.

 

 

MAÑANA SERÁ LO MISMO

Mañana será lo mismo:

silencios naufragados

y palabras molidas en hélices de sangre.

Un río de horas arrastrando la muerte

y siempre la misma tarde

con sabor distante.

Mañana será lo mismo:

una procesión de rostros sin rostros por la calle.

Un hijo que me espera

izado a media asta en el territorio maduro de tu carne,

y cada vez más lejos el reloj de la infancia.

Mañana será lo mismo.

Y cuando ya no nos quede

ni una sola sonrisa en que gastarnos

entonces será preciso

cambiar este silencio por un grito de barro,

recoger las palabras caídas en la calle

y hacer una canción.

Mañana será preciso

que los rostros sin rostro recuperen su cara.

Que Dios no agonice en la lluvia del parque.

Y que el hijo le arranque al reloj de mi infancia

los punteros que herrumbran de saudade mi sangre.

Mañana será preciso

que el futuro regrese

y empezar a cantar.