KARL SCHEMBRI

KARL SCHEMBRI

Malta (1978). Es escritor, periodista y editor del diario MaltaToday. Estudió sociología en la Universidad de Malta. Ha trabajado con Bay Radio, y The Malta Independent. Es coautor de la antología poética Frekwenzi ta' Spriti fis-Sakra (1997). Además, ha escrito dos novelas, Taħt il-Kappa tax-Xemx (2002) y Il-manifest tal-killer (2006).

¿QUÉ TE DIJERON?

¿Qué te dijeron los abuelos

entre cuento y cuento

aquella noche de enero,

la noche de los monstruos,

mientras el viento burlón

silbaba tras la ventana

bajo la luna y su orgía de nubes?

¿Qué te dijeron al meterte

bajo la manta gruesa

con sus cajitas de corazones

de todos los colores

y con el osito risueño

y los demonios bajo la camita?

¿Qué te dijeron, hijo,

cuando se fue la luz

y te escondiste en el armario

esperando a que se callaran

las voces en lo oscuro,

o cuando subiste a hurtadillas

la escalera desgastada

hasta el techo

y te bajaste temblando,

pálido,

amortajado de telarañas?

Recuerda esas manos

acariciándote el rostro

embadurnando lágrima y moco,

recuerda el latido de tu corazón,

la voz de tu madre mandando callar

a los dragones y a las hogueras de tus ojos,

la voz que te reconfortaba

con nuevos cuentos

cuando aún no llegabas a tocar

los pomos de la puerta

y las mesas eran demasiado altas

para entender

las discusiones complejas

durante la cena

bajo el neón intermitente.

Ya volverán el monstruo,

la oscuridad, la telaraña,

la escalera desgastada,

ya volverás a temblar y tiritar,

a escaldarte, a ahogarte, a subir y estrellarte.

Los cuentos que te ayuhentaban,

que te dijeron de olvidar

con una simple sonrisa,

que no eran reales, te prometieron

con rostros de viejos sabios,

toparás con ellos en cuanto empieces a caminar -

no te huyas.

Te mirarán desde el espejo

te tocarán con las sombras

te escucharán de los agujeritos de la pared,

caminarán contigo, en tus zapatos,

saborearán cada paso tuyo.

No te huyas,

sólo quieren que vivas con ellos,

que los abraces hasta que duela,

y que sigas jugando a la rayuela

bajo la lluvia.

 

YAKUBU / CENTRO DE INTERNAMIENTO ĦAL SAFI

A dos pasos

del aeropuerto

Yakubu

está arreglando la tele

para que en lugar de la nieve

surjan

colores e imágenes emitidos

de todos los rincones

incluso tal vez

de los pueblos de donde vinieron

Yakubu u sus compañeros.

Por la ventana

se ve un avión tumbado en un hangar

en reparación.

Los ingenieros son listos cuanto Yakubu

pero más rubios,

mejor vestidos,

más afortunados.

Los turistas que llegan en avión

no son como aquellos que vienen en barco;

les dan de comer durante el viaje

y el billete

no se lo pagan con la vida,

no les inspeccionan por si traen

alguna enfermedad,

sólo les quitan los líquidos,

alguna cuchilla que habrán olvidado

en el equipaje de mano,

y tal vez algún bote de gas

para llenar el mechero.

Yakubu no,

Yakubu huyó,

Yakubu no tenía billete

a pesar de haber pagado

mil dólares para subirse

al barco

con veintiséis otros

ocultos en la polvorienta noche

de Trípoli.

Durante seis días, las olas,

los dientes de la boca del mar,

intentaron arrancar la panza del barco

bajo el sol desinteresado.

La policía no perdió tiempo en preguntar

si tenía algo para declarar,

la aduana ya se pagó,

Yakubu y sus compañeros son los recibos

vivos, perdidos,

consumidos, asados,

apilados en el bus negro

mirando fijo por los cristales

hacia el barco negro, pestilente,

en el cual habían visto sus sueños

hundirse uno tras otro

y ahogarse

en el fondo del mar.