HERNAN MALLAMA

HERNÁN MALLAMA

Nació en Roldanillo, Valle del Cauca. Licenciado en Español y Comunicación Audiovisual de la Universidad Tecnológica de Pereira. Especialista en Gerencia. Profesor de Literatura dedicado a la investigación. Ganador del Concurso Departamental de Poesía: Sindicato de Educadores de Risaralda en los años 2000 y 2013. Ha publicado los libros “Hoguera en Eclipsiris” 1999, “Extasis” Poesía al desamor. 2003. Y el Libro – Arte: Enfisemas. “Poemas para sobrevivir despacio”. Edición exclusiva para U.S.A en 2013. Coautor del libro de cuentos “Sueños Móviles” publicado por el Ministerio de Cultura y La Compañía Creativa “Trazasueños”. Acaba de presentar su último libro: “No hubo tiempo para la inmortalidad” en la FILBO. Recibió el reconocimiento del Instituto de Cultura de Pereira por sus aportes literarios a la ciudad en 2009 y del Ministerio de Educación Nacional por su proyecto “AULA12. Una escuela feliz para la Paz y la Libertad” en 2015. Actualmente es profesor de literatura en la Institución Educativa Deogracias Cardona.

AGONÍA

Quitar el polvo a los viejos dolores

abrir otra vez las suturas

como si fueran maletas de viaje,

hacer un atado con todos los hastíos

sacarlos a la fuerza,

saber que la hora ha llegado

y que no hay tiempo para otro aterrizaje.

Dejar fluir los ríos subterráneos,

contener el eco

a su rumor de piedra,

reclamar que aún nos queda tiempo

para una última confesión.

De las palabras hacer raíces,

contemplar de nuevo el mundo obscuro

que emigró tras ellas.

Ceder los secretos,

llenar de aburrimiento la luz en la ventana

y ocultar los párpados tras el libro

que no se va a leer.

Entender al final

que desde siempre

estuvimos vencidos

y que la muerte

es nuestra primera y única victoria.

 

EL NOMBRE QUE EMPAÑO LA VENTANA

¿Recuerdas el invierno?

¿Ese cuerpo blanco entumecido y caprichoso?

derribó su concierto de huesos en la ventana.

Transitamos la calle hasta desaparecer con el aliento.

Llenamos la casa de un vaho cálido

que hizo gemir la techumbre bajo el cielo de noviembre.

Desde el sillón

abaniqué los ojos sobre una hoja amarilla para decir adiós,

mientras presentía tu espalda

tras la niebla o el miedo.

Todas las cosas que tuvieron tu nombre

se escurrieron dejando un breve espacio

para la desolación y el polvo.

Ya no te puedo decir amor,

amor.

Mis brazos se aferrarán a otra espalda

y esperarán una pequeña y reciente primavera,

pulsará rítmicamente mi instinto

en una nueva y venenosa ternura

y quizás,

si aprenda a olvidarte.

Qué del vacío de un hombre

amarrado al vértigo de la rutina.

Qué del temor a cruzar esa soledad que se extiende

como un desierto entre las cosas.

Qué de la miseria.

De la caricia que no fue más que silencio.