ÉDGAR H. RAMÍREZ DÁVILA

ÉDGAR H. RAMÍREZ DÁVILA

Poeta Colombiano. Es ensayista y Licenciado en Filosofía y Letras, así como Magíster en Educación. Actualmente se desempeña como profesor de filosofía y pedagogía en la Universidad Central del Valle del Cauca – Uceva, donde además es director de la revista académica y literaria Babel. Ha publicado Un sabor acre y conocido (2015; 2018); el poemario Los colores heridos por mi pluma, dentro del colectivo Persistencia de la vigilia (2001) y Hacia una moralidad objetiva (1998). Incluido en las antologías Poetas del tiempo (2017), Vive la poesía: Poetas en la Uceva (2011) y Poéticas del desastre: Una aproximación crítica a la poesía del Valle del Cauca en el Siglo XX (2000).  Escritos suyos figuran, entre otras, en la revista Labrapalabra del Departamento de Literatura de la Universidad de San Antonio, Texas (2004) y en varios números de la revista Luna Nueva, donde forma parte del comité editorial.  

LA MUERTE DE UN POETA

Leo sobre la muerte del poeta

como si estuvieran anunciando

la presentación de su nuevo libro

o el próximo recital.

Asisto al funeral del poeta

como si lo acompañara

a tomarse unas copas

o un café.

Saludo a los familiares del poeta

como si fuera su amigo más íntimo

u otro miembro de la familia.

Me aflige la muerte del poeta

porque, aunque no lo conocí

en realidad,

todos me recuerdan sus deudas

de trago

de mujeres

de comidas.

Todos me preguntan

por los motivos

por los escritos

por los vicios.

Me importa poco la muerte del poeta.

A quién le interesan de verdad

sus versos

sus manías de mezquino

su egoísmo

su neurosis

su miseria subterránea

los opacos ojos

llenos de alcohol

con los que tocaba, como si fueran manos,

una a una

a todas las chicas

que subían las gradas de la facultad.

 

 

END OF TRACK

Hoy mi cabeza es un radio

con las emisoras mezcladas.

Una serpiente se ha metido

en mis venas.

Cómo superar el horror

de estos días

cuando leo los diarios

única forma

de saber si aún no he muerto.

Miro con cuidado las fotos

de la página judicial.

Ninguno se me parece,

ninguno remeda ese reflejo

en el que ya no confío

y que veo, sin embargo,

con curiosidad algunas mañanas

mientras el cuerpo se me va

                                             -a pedazos-

por el agujero del lavamanos.