ANA MILENA LOPEZ DE VÉLEZ

ANA MILENA LOPEZ DE VÉLEZ

Palmira, Valle del Cauca, Colombia (1954). Ingeniera Agrónoma de la Universidad Nacional de Colombia con Maestría en la Universidade Federal da Bahía en Brasil. Analista del sector agropecuario colombiano. Ha publicado artículos y columnas de opinión desde 1974 en periódicos impresos, revistas especializadas y periódicos digitales como Eje21.com; Proclama del Cauca y Palmiguía. Cuenta con un libro de poesía llamado Sinfonía para Violín de Dos Cuerdas (2016). Fue ganadora del segundo lugar en la modalidad de poesía, en la antología de la Red Nacional de Talleres Literarios RELATA (2017).

VENDAS AL VIENTO

Hoy he lavado mis vendas

desde la salida del sol

hasta el ocaso.

De tanto en tanto ceñía a mi cintura

el platón rebozado

y volvía a las cuerdas del patio.

Ese gran telar de cielo y grama… ¡vibra!

Por él se sube y se baja

anudando nudos,

descargando vendas.

Al llegar a diez docenas, aparece una estrella.

Ellas, vendas,  son para vendar corazones heridos.

No conocen otro, solo el mío.

En mi bautizo, madre llenó una canasta con regalos-vendas.

Cuando caminé

abuela me regaló una caja de seis,

marcadas con hilo fino.

No tuve que esperar mucho para utilizarlas.

Que si padre…que si hermanos…que si amigos…

Que si palo, que si piedra, que si vidrio…

Que si padre…

¡Con él hube de usar todas las vendas que tenía en casa!

Acosar al tendero de la esquina para apilarlas.

Gastar  mis monedas nuevas, escarbar bajo las piedras.

Y vaya usted a ver… cuando salí al mundo  me regaló una docena más pues iba a necesitarlas.

Pasé el dintel de la puerta y aseguré mi carga. ¡Ya iban todas usadas!

De amores y vendas sé bastante.

Cada noche la he pasado en vela

ocupada en restañar mi sangre.

Coser las heridas me ha hecho dedal.

Para cada herida, distinta puntada:

Cadeneta, sombra, punto de cruz,  calado y pasada.

Hay heridas hondas.

Hay heridas… como las de la última noche de Hypathia.

Hoy de madrugada, desvendé mi corazón una vez más.

Tiempo me tomará dejar las vendas nuevamente blancas.

No es bueno mostrar que uno tiene sangre en su patio colgada.

Posdata.

El encordado en el patio de ropas de mi hija ya está pronto.

Veo su corazón.

Parece hecho de materiales propios a prueba de dioses, de cuchillas, de compasión, de lamentos.

¡Cosecha de trópico y vida!

Otras vendas…otros vientos...

 

 

TOMATES ROJOS

Me gustan los tomates rojos y los afectos.

Quería cosecharlos

para verlos centellear al sol

y deleitarme en la emoción de su línea curva.

Planté las semillas

y las acompañé con un soplo

para espantar sus miedos.

Me senté a su lado

y les canté

todos los arrullos que conocía.

Les susurré poemas

y posé mi mano sobre su surco

hasta verlos desplegar sus hojas y embeberse de luz.

Entonces

la lluvia ahuecó las velas de mi esperanza

y viajé entre ráfagas de viento

a encontrar el tiempo cierto.

Hoy

me reconozco sembradora de nada

desatinada

cuando veo racimos de tomates rojos

llenando de complicidad  y afecto

el  huerto del vecino.

Porque en el mío…

en el mío no crecieron.

Ni siquiera uno quiso hacerlo.

Nunca hubo entre nosotros…

cosecha de tomates rojos.