ADRIANA ROSAS CONSUEGRA

ADRIANA ROSAS CONSUEGRA

Poeta colombiana. Docente de humanidades y literatura en la Universidad del Norte (Barranquilla, Colombia). Doctora en Teoría de la literatura y literatura comparada, Universidad Autónoma de Barcelona-España. Realizó estudios de cine y un diplomado sobre escritura de guión en Buenos Aires. Ha publicado el libro de poesía Travesías (2018). También, el libro de viajes Brújula de los deseos (2016) y el de cuentos Frente a un hombre desnudo (2014). Ganó una beca de circulación internacional del Ministerio de Cultura (2015). Igualmente fue galardonada con el premio del Portafolio de estímulos de la Alcaldía de Barranquilla (2017) por su libro Travesías. Cuentos, crónicas y artículos suyos han aparecido en libros, revistas y antologías colombianas en Italia, Dinamarca, México y España.

MAR CAMBIANTE

Y tengo un cielo que cambia con cristales

y tengo un cielo que no es mío

El mar atrás que por momentos se deja mirar si aclara y los incendios no lo tapan

Tengo un mar que cambia si la lluvia, sin su blanco de olas en la orilla no es la espuma del mal de rabia

no es la rabia por las quemas de mangles que antes acariciaba

no es la rabia por la basura que le tiran

¿Qué decirle a los padres? ¿Qué ocultarles a los hijos? (Los contrarios, siempre los contrarios).

¿Los nietos saben que los abuelos han intentado suicidarse?

¿Ellos sospechan que su abuelo todas las noches se fuma dos tabacos de marihuana para tranquilizar a los muertos que lleva dentro, y tal vez alcanzar cuatro horas de un sueño sudoroso?

¿Los nietos saben que ese viejo tierno que los hace reír, lleva putas todavía más jóvenes que ellos, y les paga por hacer que se metan mano y de paso se la metan a él?

 

VITTORIO EMANUELE

La velocidad desdibuja el verde de afuera

Ya no quedan los bosques en que tú y yo jugábamos

Ahora están hechos a medias en la artificialidad

La luz nos encandila mientras llegamos, mientras Roma se nos acerca.

El agua del río se ha crecido a pesar de la luz de verano y el agua que no cae de arriba.

La luz de la vida asusta al que se me declaró como enemigo, y yo sin saberlo antes

Los chorros de agua saltan a presión en las fuentes

La paja se recoge en verano

Las ruedas con las que jugábamos tú y yo ya no están

La casa ahora se cae

El techo ha dejado de sostener las aguas de afuera

Las paredes destilan moho

Los recuerdos ya no nos aguardan dentro

Los gritos de la mamma ya no se escuchan dentro

Ya no están nuestras miradas que secundan nuestros secretos.

Ya no estamos juntos

Ya dejamos de estarlo hace tiempo

La Plaza Vittorio Emanuele no nos recibe en nuestros domingos de paseo.

El nombre de nuestro padre sigue sonando con entonación